lunes, 15 de julio de 2013

Capitulo 8

    El sol brilla, dorando mi piel blanquecina, el viento acaricia mi pelo y el canto de los pájaros me acompaña. Todo está en una pequeña armonía que no tiene fin: la hierba del campo, las abejas en las flores, el agua dulce del río, el galope de Furia y yo. ¿Cuántas vece habré sentido esta libertad plena? ¿Tres, cuatro... diez veces quizás? Aquí puedo ser yo misma, sin normas que seguir, ni obligaciones que tomar, sin las típicas preocupaciones de los estudios ni cosas en las que pensar; solo estamos el horizonte, Furia y yo, sin nada más a nuestro alrededor. Siempre, que estoy aquí siento paz y serenidad.
     Quiero dirigirme hacía el sitio de mis sueños con esperanzas de recordar algo; hace mucho que no vengo y eso me preocupa, ya que no se si sabré reconocerlo. Me acuerdo que cuando él murió, deje de venir ya que todo me recordaba a él y no podía soportarlo. No me hacía a la idea de que ya no lo volvería a ver más; era mi amigo, mi único amigo para ser más exactos, siempre que intentaba recordar algo de él mi mente se bloqueaba y lo único que se mostraba en ella era una sombra borrosa. El día que se despidió de mí, tenía la esperanza de que me lo encontraría algún día; pero cuando mi tía apareció por la puerta de mi habitación con la noticia de su muerte, me destrozo. Estuve sin comer y sin dormir en esos tres días hasta que llegase su funeral, lo único que hacía era sentarme en la cama y mirar por la ventana esperando a que apareciese en algún momento. Un día se me ocurrió la idea de escaparme e ir a buscarlo, estuve todo el día esperando pero nadie apareció. Todo eso pasó hace siete años y desde entonces no he vuelto a pasar por aquí.
     Tal y como me oriento, me acabaré perdiendo- pienso mientras escucho los pájaros-, nunca se me ha dado bien los mapas, y menos orientarme en un sitio; me acuerdo de que lo encontré por casualidad (más bien perdiéndome), así de fácil. Siempre he dicho que él me encontró a mí, y que yo nunca lo busque y allí es donde lo conocí.

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     <<En una tarde de primavera, el cielo estaba encapuchado.  Me dirijo a toda prisa, con Furia a la granja; pero se para en seco al encontrarse con un pequeño precipicio cayéndome yo hacía delante precipitándome al profundo lago  que se encuentra enfrente de mí. Me quedo paralizada mientras me hundo en lo más profundo del lago, sintiéndome poco a poco ahogada. Mis pulmones están sin aire, y no tengo la suficiente fuerza para poder nadar. Me siento cansada y dejo de luchar para poder salir a la superficie, quedándome quieta, hundiéndome poco a poco en la más profunda de la oscuridad viendo como en esa pequeña luz que se ve a lo lejos estaba Furia moviéndose de un lado a otro.
     Empiezo a vez menos ya que me alejo más y más de la superficie, y por primera vez en todo el camino, la felicidad y la libertad que sentía por el aire puro del campo; pasan a convertirse en la cárcel ahogada y triste del fondo del lago, haciéndome sentir aprisionada y agobiada por toda esa presión que me produce un fuerte dolor en los oídos.
     Aunque tengo la visión un poco nublada por el agua dulce puedo distinguir algunos peces y algas a mí alrededor. Lo último que siento es el pequeño golpe seco e insensible de mi cuerpo tocando por fin el fondo, y mis ojos ya cansados se cierran cada vez más hasta que mi mente sin sentido acaba por apagarse do todo y desconectar.>>

jueves, 11 de julio de 2013

Capitulo 7

     -¡Pero mira a quien tenemos aquí!- se baja del caballo y se dirige hacía mi con paso firme- ¡Pero si es mi prima la amargada!- se pone delante mía, apoyando el cuerpo del caballo.
     -Yo también me alegro de verte, Hugo. ¿Sigues teniendo envidia de mi forma de montar, o lo has superado ya?- dejo el cepillo en el suelo y le sonrió; siempre me ha encantado picarle.
     -Pues si te soy sincero, sí.
     -Ja ja y ja, eso es lo que tú te crees- le sonrío y los dos nos reímos sin ningún motivo.
     El loco y paranoico de mi rimo Hugo; no sé si me alegro o no de verle en todo este tiempo. Siempre destacando y haciéndose el interesante cuando no lo es. Ha crecido bastante, tiene el pelo más corto y... ¿se lo ha teñido? No salgo de mi asombro cuando me coge en volandas y empieza a girar sobre sí mismo sin parar de reír y sonreír. Mi primo puede ser todo lo que tú quieras, pero si de algo estoy seguro es que es la persona más cariñosa del mundo y eso siempre lo demuestra.
     -¡No te imaginas cuanto te he echado de menos, enana!- me baja al suelo y se me queda mirando otra vez con cara rara, una cara que pocas veces se la he visto- ¿Y bien? ¿Quién es el afortunado o desafortunado? -me pone sus típicas expresiones de retrasado y me da dos toques en el brazo.
     -¿De qué estás hablando? Creo que deberías dejar tus telenovelas primo; te están quemando las neuronas, ¿lo sabías?
     -Déjate de tanta tontería y contesta anda.
     No sé por dónde quiere llegar, pero por su cara me puedo hacer una pequeña idea de a que se refiere con todo esto.
    -Pues, nadie. ¿Y qué hay de ti?- se ríe sin ningún sentido y eso hace que me cabree.
    -¿De mi qué?- se da la vuelta y se dirige hacía Carioca- Bueno, ¿vas a montar, no?- intenta cambia de tema, para no entrar en detalles.
    -Oye, no me cambies de tema, ¿quieres? ¿Qué paso con...?- quiero acordarme de un nombre pero no lo consigo.
    -¿Vanessa?- asiento con la cabeza y continua- Rompimos- quita la silla y el cabezón de Carioca y me mira con cara de tristeza- ¿Qué pasa? No es tan malo- va al cuarto de los arreos y yo detrás de él en busca de una respuesta.
    -Espera... ¿Cómo? ¿Qué pasó?- no entiendo porque rompieron... Pero me puedo hacer una idea
    -¿Por qué nunca me contaste lo de Ismael?-lo suelta de golpe, mirándome a los ojos con cara de decepción y eso hace en mí que se me paralice todo el cuerpo.
    No se puede referir a lo que estoy pensando, o ¿sí? Hace mucho que no pensaba en eso, desde hace mucho tiempo y me extraña recordar eso después de todo lo ocurrido y por si acaso pregunta para no meter la pata y no empeorarlo más.
    -¿A qué te refieres? ¿Cómo, que lo de Ismael?
    -Me refiero a que siempre has sabido que Vanessa e Ismael me estaban engañando- pone una cara de seriedad, tristeza y enfado.
    No sé si ocultárselo en su día fue buena o mala idea, pero a pesar de todo, no me arrepiento de la decisión tomada ya que con esa decisión le ahorre sufrimiento.
    -Lo siento,  pero no tenía elección.
    -¿Qué no tenías elección? Joder Paula, se supone que eres  mi prima. No espera, mucho más que eso; eres como una hermana pequeña para mí. Se supone que me tienes que contar estas cosas y tú vas y te lo callas durante tres años, ¿tú lo ves normal? ¿En serio?- ahora si se le nota que esta cabreado.
    -No la pagues conmigo ¿quieres? Yo no tengo la culpa de que tu novia se liase con otro porque tú no tienes lo que hay que tener- por fin he dicho lo que he pensado y ahora se pondrá mal y eso es no está bien.
    Nos quedamos callados durante un buen rato, aclarando nuestras ideas.
    -Tienes razón, lo siento. Pero es que en su día, me dolió mucho y...- se lleva una mano a la cabeza y pone una expresión serena.
    -Y ahora te duele más porque tu prima pequeña lo sabía y no te dijo nada, ¿no?- tengo que entender le, seguro que sufrió en su día y yo aquí poniéndome borde con él.
    -Eso es- hace un gruñido de frustración y se lleva la otra mano a la cabeza- Menuda bienvenida te estoy dando ¿a qué si?- ya está más calmado. Se le nota.
    -Una de las mejores, casi lo echaba de menos- yo ahora mismo lo único que quiero hacer es olvidar y sonreír.
    -Entonces, me has echado de menos, ¿no?
    -Me cuesta reconocerlo, pero sí. Pero algunas cosas, no todas.
    -Vale lo he pillado- ya está más relajado que antes y eso me tranquiliza- Bueno, vas a montar ¿no?
    -Sí, ya lo tengo todo preparado solo me falta irme.
    -Vale, a lo mejor te encuentras con el mozo de cuadras.
    -¿Mozo de cuadras?, no sabía que teníais uno.
    -Lo sé, vino cuando tú te fuiste y no ha ayudado desde entonces. Es bastante bueno.
    -¿A si? y ¿a quién monta?
    -Monta a Miguelito, así que si lo ves dile que lo espero, ¿vale?
    -Se lo diré, oye no he visto a Arturo en ninguna parte, ¿sabes dónde está?- le cambia la cara a una expresión de tristeza y al verle espero lo peor.
   -Arturo, murió en reyes de estos años. Pensaba que lo sabía- me mira y observa mi cara de tristeza y se da cuenta de que me ha afectado-¿Estas bien?
   -Si- miento, no me queda otra conociendo a Hugo se pondría muy pesado y ahora lo único que quiero es montarme en Furia e irme lo más rápido posible.
   -Si necesitas hablar o algo podríamos...
   -¡No!- le miro con una expresión llena de odio y dolor, pero la cambio rápidamente al darme cuenta de que la estoy pagando con él y no es justo- Lo siento, estoy bien; lo único es que tengo un poco de prisa, eso es todo.
   Tengo que tranquilizarme para que no empiece con uno de sus intentos de consolarme cuando estoy mal.
   -Lo entiendo, no pasa nada. Quieres que te ayude en algo.
   -No, me las puedo arreglar sola.
Después de cinco minutos intentando no perder los nervios, termino de prepararme y me subo a Furia, y sin perder más tiempo me dirijo a la puerta que da al campo; pero antes de darme cuenta mi primo Hugo me detiene con una expresión muy habitual en él. Se pone delante del caballo y me hace parar en seco
    -Espera un segundo, me acabas de insultar llamándome poco hombre y te vas así por las buenas- me hace un gesto para que me baje, pero no le hago caso.


Sin perder ni un segundo le esquivo con un rápido movimiento con Furia y me alejo de él.